¿La correa impide la total libertad del perro?

¿La correa impide la total libertad del perro?

 

¿La correa impide la total libertad del perro?

Para ti, un perro con correa es como un canario en la jaula: no es libre para moverse como quiera y se siente prisionero. Por otra parte, has optado por una solución inmediata: la correa extensible.

¡No tomes a tu pero por un pájaro!

Para comprender mejor:

La correa nos recuerda la imagen de un infeliz perro de granja atado con una cadena que supone un obstáculo para su libertad de movimientos. Para muchos de nosotros un perro sujeto `por una correa es un perro prisionero.

No obstante, la correa es en primer lugar y sobre todo un medio para pasear con el perro ¨codo con codo¨ un instrumento que colabora en su educación y que salvaguarda su seguridad evitando accidentes.

El perro no es consciente de sufrir una falta de libertad: lo que le causa felicidad es pasear en compañía de su dueño. La correa para el generalmente anticipa que va a compartir unos momentos privilegiados con su propietario.

¿Qué puedes hacer?

Enseña a tu perro a caminar con la correa, es decir, a caminar a tu lado sin dar tirones. Esto forma parte de su educación básica, como la llamada para que acuda a las órdenes ¨sienta¨ o ¨túmbate¨.

Este aprendizaje, que es un acto de civismo ciudadano, evita que los paseantes se puedan topar con un perro que deambula sin su dueño. La correa, elemento que ayuda a mantener la jerarquía, sirve igualmente para tranquilizar al perro: es un vínculo físico entre perro y dueño cuando se encuentra fuera de casa y ayuda a que no se sienta abandonado a su suerte.

Evita asociar la correa con el fin del juego o el retorno a la vivienda tras un rato de relajación en el parque. Camina con la correa durante un tramo tras colocársela, hablándole, jugando con él y acariciándole ¡y no tomes siempre el mismo camino de regreso!